lunes, 16 de mayo de 2011

Espacio. Mujer. Urbanismo. Arquitectura. Ciudad

Os invito a que leais esta reflexión extraida del foro "Ciudades para un Futuro más Sostenible", en el que se trata el tema de la visión de género en el ámbito de la arquitectura y la ciudad.

Reflexiones previas : Parándonos a analizar los espacios, que actualmente conforman las ciudades, los que ahora utilizamos, nos resultan infinidad de lecturas. Cierto es que esas lecturas suelen ser distintas, en términos generales, según las hagan los diferentes colectivos que las habitan. Y muchos espacios se viven de diferente manera, según la cultura. Por ello también existe una diferente percepción según el género. Hoy por hoy es así, pero no podemos olvidar que, dado como nos desenvolvemos en este dichoso planeta, quizá no en mucho tiempo seamos seres mutantes, que ni género ni nada.


Espacio y Género actualmente es un tema novedoso, sólo está aun esbozado, necesita irlo recorriendo con dedicación, con esmero, como con una lupa si es preciso, para que nos aclare tantas y tantas incógnitas que aun permanecen, sin haber sido casi ni enunciadas.
Respecto a la creación arquitectónica, cuando es la mujer la que se pone a proyectar, como creadora, como formalizadora de los espacios, le acompaña esa diferente cultura de cómo históricamente los ha usado y los ha vivido.
El hombre desde que nace ya está insertado, de una determinada manera, en el devenir de la organización social, del sistema que históricamente ha marginado a las mujeres. La mujer por el hecho de serlo, ya desde que nace, está fuera de muchos campos, y tiene que luchar, mucho más que el hombre, para conseguir que la admitan. El sistema ha sido inventado por los hombres.
Precisamente, por estar la mujer fuera de él, o mejor dicho, relegada a cumplir con los papeles que "ellos" le han asignado, su visión lejana del funcionamiento de ese sistema es más nítida. Es más fácil, para ella, encontrar la postura crítica, que ellos desde dentro no son capaces de vislumbrar.
Lo que pasa es que, cuando entra, muchas veces colabora al mantenimiento del propio sistema, olvidando su nítida visión global y crítica. Cuando nos acercamos a analizar estos casos, no podemos olvidar el cómo se comporta el género femenino, las mujeres, cuando acceden (por fin) a campos de naturaleza intelectual y cultural que siempre han sido ocupados por los hombres.
Entonces, entra en acción el mundo competitivo por parte de ellos y también de ellas. La necesidad para ellas de tenerles que hablar con sus propias palabras (las de ellos), para que ellos entiendan, lo que ellas piensan y sienten, supone un esfuerzo añadido para conseguir hablar en otros términos, que una vez conseguido se suele apropiar de ellas. Y es un reto difícil de soslayar.
La influencia del modelo de mujer históricamente aceptado, y esas actitudes que a veces, sin remedio, hay que tomar, deforman, empañan, desvían u ocultan, las primeras razones claras, transparentes, de la justificación de los espacios que proponen.
Sin embargo, esa clarividencia para analizar, para proponer, para crear desde sus propios parámetros, nunca la puede erradicar de dentro de sí. Se puede tapar, ignorar, despreciar u ocultar ..., pero nunca llega a desaparecer. 
Cuando surge una circunstancia que pone en evidencia esa mirada distinta, la mujer no sólo la recupera como parte de su identidad, la valora y la reivindica como necesidad ineludible en el sistema, en la organización de nuestra sociedad.
No es nada sorprendente, constatar que, una vez abierto este tema de la Mujer como creadora de los espacios que conforman nuestros escenarios para vivir, surjan grupos y grupos de mujeres que quieren, que necesitan, reunirse para dilucidar y para reflexionar sobre su diferencia o no en el entendimiento de los espacios. Así ha surgido el "Seminario Permanente: Ciudad y Mujer", el "Colectivo de mujeres urbanistas", el de "La Mujer construye", y otros muchos más.
Ahora, que ya vamos siendo un número bastante significativo de mujeres profesionales de la arquitectura, se multiplican y se extienden estas reuniones donde ponerse a reflexionar para encontrar, a veces descubrir, esos parámetros ocultos que subyacen en nuestra cultura ancestral. Parámetros que han quedado olvidados en el reflexionar sobre la ciudad y que hay que rescatar.
No es difícil entender que estas reflexiones se planteen en ámbitos principalmente femeninos, donde las mujeres se reúnen, para escuchar de una forma conjunta ese eco, ese profundo eco que de una manera u otra todas llevamos dentro, y entra en resonancia.
El eco se va encontrando, y esa reflexión conjunta que va surgiendo entre las mujeres, en mi opinión, no puede quedarse, exclusivamente, en el mundo intelectual femenino, aunque necesariamente tiene que surgir así, sólo de mujeres.
Es importante sacarlo a la luz de todos, e invitar a la reflexión común, contrastarlo con los pensamientos de los demás, con las otras reflexiones sobre la ciudad, con aquellos otros, pocos muy pocos, que desde el pensamiento alternativo, tanto mujeres como hombres, han puesto en duda nuestros espacios de hoy, la forma de generarlos, su producción especulativa, que evidencian y ponen de relieve los parámetros de análisis y creación que se asemejan a los nuestros.
Pero, no es menos cierto que la mujer, en estos campos del pensamiento, es aún poco solidaria. Falta rodaje y tiempo. Muchas veces usa armas equivocadas de competitividad. Otras, se "quema" en el camino. Llevamos poco tiempo en estas lides, por eso es importante que alguien siga, que la llama no se apague. He ahí la ilusión constante de saber que alguien va a recoger el testigo, a pesar de los momentos de desánimo.
Hoy, la voz de los grupos de mujeres que reivindican estas dimensiones debe conseguir plataformas públicas de expresión. Debemos trabajar entre nosotras, pero si sólo trabajamos entre nosotras caemos en el mismo error que han caído ellos, los hombres, los que de siglos y siglos han mantenido (y hoy aún muchas comunidades mantienen) la voz de las mujeres en silencio.
Igual podría decirse de otras voces, las de los ancianos, los emigrantes, los discapacitados, y sobre todo las de los niños, que es si cabe peor, pues ellos ni siquiera tienen voz. En una palabra, los marginados. La ciudad, así diseñada, margina para facilitar su uso (exclusivamente uso) a los "ejecutivos", los que ejecutan la vida, la suya propia y la de los demás. Pues la ciudad se produce, se usa, pero no se crea.
La cultura de la paz construye sus cimientos sobre los espacios colectivos. Espacios donde sea posible la alternativa, la voz distinta, el contraste, la reflexión conjunta donde nace la crítica analizada que da paso a la comprensión, la tolerancia, al respeto mutuo, a la solidaridad.
Y, en la creación de la ciudad, la que une a la vida, la que ofrece el espacio digno sobre el que se construye la convivencia pacífica, tenemos mucho que decir las mujeres. ¡Qué pocas veces los arquitectos han reivindicado la ciudad para vivir! Casi todos estos movimientos han surgido en las asociaciones de vecinos, y sólo algunas veces les "acompañan" los arquitectos.
Hoy las cosas van cambiando. Las asociaciones ciudadanas tienen voz y se potencia el asociacionismo, aunque muchas veces puede ser manipulado. Las reivindicaciones por los derechos de la mujer van dando sus frutos poco a poco. Son ya bastantes más las que acceden a puestos de trabajo, donde su toma de decisiones repercute en la ciudad y en sus gentes desde otras perspectivas. Y empiezan a surgir esas dimensiones olvidadas, donde los afectos dejan paso a espacios vivideros, a lugares donde la ciudad se amabiliza.
No quiero, sin embargo, dejar de señalar aquellos casos, que de hecho existen, en que la mujer accede al campo profesional o político siguiendo el modelo "masculino". Olvidan, o quieren olvidar, esos parámetros con dimensiones emocionales que hacen sentir, proyectar y decidir, dentro del afecto, de la ternura, del querer, del proporcionar el cobijo afectivo, tan necesario.
En algunos otros casos, el hombre, acostumbrado a separar el mundo del trabajo del de su casa, va tomando conciencia y valorando en su medida el campo de los afectos. Por eso es importante que recupere la corresponsabilidad, ya que todavía su negligencia es admitida como connatural por muchas mujeres que sienten además el síndrome de culpabilidad.
Traspasar el mundo de los sentidos y entrar en el de los sentimientos es el salto que debe dar el Urbanismo.